La frase

No hay inversión más rentable que la del conocimiento". Benjamín Franklin

domingo, 5 de diciembre de 2010

El costo de desaprender

"Amaranta, que había comenzado a tejer su mortaja advertida por la muerte de que al concluirla moriría....la tejía durante el día, y la destejía durante la noche, para retrasar su final. Amaranta falleció exactamente el día en que concluyó su obra de arte..." Cien Años de Soledad, Gabriel García Márquez

No sé por qué las noticias del avance de la aprobación del reciente documento de reforma a la Ley Orgánica de Ciencia, Tecnología e Innnovación en el seno de la Asamblea Nacional me hicieron recordar a Amaranta, pero cada vez que me ponía a pensar en el enfoque que quería darle a esta nota, la imagen de Amaranta tejiendo y destejiendo venía a mi cabeza de inmediato.

Quisiera comenzar recordando los años 90. El Consejo Nacional de Investigaciones Científicas y Tecnológicas, CONICIT, era el ente rector en cuanto a las políticas de investigación científica y tecnológica en nuestro país. La población de investigadores formales, científicos, no estaba por encima del número promedio mundial recomendado para un país como el nuestro, pero teníamos una masa crítica con un nivel de excelencia bastante alto, así como centros de producción de conocimiento de alto nivel, como el IVIC, IDEA e INTEVEP.

En aquellos años, nuestro país era beneficiario de un préstamo del BID para fortalecer el mundo científico y tecnológico, entre otros sectores, y era nuestro orgullo institucional ser el organismo del sector público que mejor ejecutaba un préstamo del BID, es decir, que cumplía a cabalidad con las metas de entregar los recursos a los proyectos que se presentaban. Sin embargo, este resultado magnífico en un sentido, a lo interno del CONICIT no era tan maravilloso, pues nunca lográbamos ejecutar el 100% del presupuesto asignado a proyectos, ya que no había suficiente masa crítica de investigadores que propusieran proyectos exitosos. Eso, en aquella época nos preocupaba, porque comprendíamos que para que un país progrese y sea competitivo, el mundo científico y tecnológico debe crecer y fortalecerse año tras año.

Más tarde, en el 2000, se creó el Ministerio de Ciencia y Tecnología, y con este hecho, de un golpe, aumentaron los recursos destinados a financiar la actividad científica y tecnológica en nuestro país. Lo que a primera vista puede leerse como una magnífica noticia, a nosotros internamente nos alegró, por supuesto, pero en la misma magnitud nos preocupó, porque, con los antecedentes que traíamos de CONICIT, nos preguntábamos a quienes le íbamos a asignar esos recursos, si los limitados que teníamos antes no lográbamos entregarlos todos.

Es así como comienza a abrirse el abanico de posibilidades para formular proyectos suceptibles de ser financiados con recursos públicos: profundizamos la línea de proyectos interinstitucionales e interdisciplinarios orientados a solucionar problemas, denominados agendas, donde confluían sector público, privado y de investigación; también abrimos la posibilidad para que organizaciones e instituciones no tradicionales de este mundo científico se integraran a los financiamientos a través de las redes de cooperación productiva; se creó el programa de fortalecimiento a la gestión regional, donde, cual evangelizadores de la ciencia, la tecnología y la innovación, salimos a lo largo y ancho del país, a capacitar a todas las alcaldías en cuanto a la formulación adecuada de proyectos para resolver los problemas de sus comunidades; y fortalecimos la línea de trabajo de investigación tecnológica, donde se apoyaba a las empresas que formulaban sus propios proyectos de innovación y desarrollo tecnológico. Todo esto sumado a los programas tradicionales de financiamiento científico y tecnológico que ya habíamos consolidado desde el CONICIT. 

Seguía rondándonos en la cabeza la incipiente formación del Sistema Nacional de Ciencia, Tecnología e Innovación, cuyos nodos de inicio eran todos estos nuevos sectores integrándose al sector científico del país. Podría nombrar muchos ejemplos del éxito que tuvimos en aquellos años, ampliando el concepto de ciencia y tecnología para la gente, y poniéndolo verdaderamente en práctica. Pero ese no es el objeto principal de esta nota.

En esos procesos de análisis del estado del arte en aquellos años, seguíamos viendo cómo para el sector privado era muy poco el incentivo que había para convencerlos de la importancia de invertir en CTI, y es así como surge la idea de crear la LOCTI. En su nacimiento se trató entonces de un instrumento para ir "enseñando" a las empresas lo valioso y estratégico que era invertir en su gente y en sus procesos productivos, y cómo esas inversiones podían convertirse en herramientas para su productividad y competitividad, y además, cómo a través de ellas y de su implementación, también se fortalecerían los centros de investigación y desarrollo del país, pues aquellos serían quienes desarrollarían ese conocimiento, cuando la empresa no contara con ello.

Cuando finalmente la LOCTI salió a la luz y se elaboró el reglamento para su ejecución, no sé por qué, ese proceso se llevó a cabo en forma atropellada, resultando que algunos aspectos de los que inicialmente formaban parte de la ley, se perdieron o desfiguraron, por decir lo menos. Eso ocasionó que, cuando comenzamos la implementación formal de la ley, la mayoría de las grandes empresas aportantes, lo percibieran como un impuesto más, y como tal, con nuestra anticultura en valores de ciudadanía, procuraran evadirlo.

Todos estos años, los que nos dedicamos a este mundo de las políticas públicas en ciencia, tecnología e innovación, hemos estado avanzando gradualmente en ese proceso de convicción de las empresas para trabajar a lo interno, en fortalecer sus capacidades tecnológicas, productivas y de conocimiento, a través de la aplicación de los recursos LOCTI en las actividades que el reglamento enuncia, hasta el sol de hoy. Y habíamos hecho muy bien nuestro trabajo, a juzgar por los resultados oficiales que conocemos, en cuanto al volumen de recursos destinados a centros de investigación y desarrollo internos de esas empresas, y también en los centros de investigación en las instituciones tradicionales. Es honesto reconocer también que en los últimos tiempos la intensidad se había comenzado a reducir un poco, producto, me imagino yo, de la fuerte presión sobre el sector privado que actualmente tenemos.

Ahora, con esta versión de la LOCTI que se está discutiendo en la Asamblea Nacional, vamos a retroceder una enormidad. Como Amaranta, estamos destejiendo el sudario en la oscuridad, luego de que años atrás habíamos tejido una bella obra de arte -perfectible, obviamente- durante el día.

Fíjense que no me mortifica en demasía la inclusión de las comunas en todo este tema LOCTI. Como ya comenté, conozco el proceso de incorporación de actores no tradicionales al mundo científico y de innovación, y estoy convencida de que la inclusión bien instrumentada, sería positiva. Lo que más me parece grave, sin embargo es que, cuando por fin las empresas se estaban acostumbrando a formular sus propios proyectos, a declarar puntual y correctamente, y a hacer aportes a terceros, de acuerdo a sus propios criterios de responsabilidad social empresarial, con esta reforma regresamos al punto en el que las empresas no tienen que pensar más en cómo innovar, en cómo desarrollar sus líneas de producción o fortalecer su capital humano, sino simplemente su actividad se reducirá a realizar el cálculo de cuánto es el monto que deben estimar por la LOCTI, y, como un impuesto normalito, acudir a depositarlo en el "ente con autoridad y competencia en ciencia, tecnología e innovación", que será entonces quien decidirá qué financiar en nuestro país. Es decir, tendrán que desaprender lo aprendido hasta el momento.

No sé cuál será ese ente que regirá a partir de la aprobación de la ley la actividad científica y tecnológica en el país. No tengo la menor idea de si mejorará su capacidad de respuesta en relación a la terrible capacidad de respuesta del Observatorio y posteriormente del FONACIT en cuanto a la calificación oportuna de los proyectos. Pero aún sin conocer esas dos respuestas, lo peor de todo me sigue pareciendo el haber anulado la incipiente actividad de ciencia, tecnología e innovación propias de las empresas, al eliminar la posibilidad de que ese monto que les obligaba la LOCTI, pudiese ser invertido en estas actividades internas. 

Si se aprueba finalmente esta reforma, estaremos retrocediendo tremendamente como país, en lugar de intentar seguir avanzando por la vía de la competitividad y la innovación, en un mundo cambiante que requiere respuestas modernas, productivas, abiertas, y no rígidas y centralizadas.

Siento que con esta reforma, estaremos destejiendo en oscuridad lo poco que habíamos avanzado, y me temo que, al igual que Amaranta, la LOCTI y el apenas incipiente Sistema de Ciencia, Tecnología e Innovación venezolano terminarán de anularse, cuando la actual Asamblea Nacional termine su obra de arte.





2 comentarios:

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  2. Comparto buena parte de tus reflexiones Catalina. Con la actual Reforma a la LOCTI el Sistema Nacional de Ciencia, Tecnología e Innovación (SNCTI) prácticamente quedará reducido al FONACIT o al ente que finalmente regule, asigne y fiscalice la obligación LOCTI (juez y parte) y que tal vez en el mejor de los casos lo reduzca a las relaciones que este ente determine, con una alta carga de burocracia, politización y demoras conducente a una profunda pérdida de oportunidades… en un recambio de actores que se ha simplificado a un quítate tu para ponerme yo… en lugar de promover una adecuada y necesaria coordinación que sume capacidades en lugar de restarlas…
    El SNCTI no es más que ese entramado de actores, sus múltiples relaciones que se generan entre empresas, universidades, centros de I&D, tecnólogos, consultores, centros de formación, entes de políticas públicas, ONG´s, fundaciones, y una gran diversidad de actores, orientados a resolver problemas que solo la ciencia, tecnología y la innovación, mediante la búsqueda de conocimiento y su aplicación pueden solventar y reducir brechas o debilidades asociadas a sustituir por ejemplo un polímero o determinado insumo X que se está importando y que se requiere desarrollar una capacidad propia, primero a escala piloto y después industrial para producirlo y sustituir una importación, casi inviable hoy día debido a retrasos, trabas y la burocracia de Cadivi, o incrementar la productividad mediante procesos de desarrollo tecnológico (adecuaciones, optimizaciones, mejoras), o bien mediante procesos de actualización y mejoramiento profesional del personal a través de estudios de cuarto nivel o bien de planes sistemáticos de capacitación y formación en áreas técnicas, gerenciales, etc , o bien de aseguramiento de la calidad, o de creación de unidades de I+D (dentro de las empresas y/o en el campús universitario) todos escenarios con altas vinculaciones técnicas con Universidades y centros de I+D, así como con diversidad de actores. Todas esas relaciones y entramados (redes) conducentes a generar desarrollo país, serán directamente afectados por un afán de control, centralización y acceso a recursos por un Estado altamente ineficiente, terriblemente politizado y despilfarrador de recursos… que sabemos de antemano que no estarán direccionados para promover desarrollo país…

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