La frase

No hay inversión más rentable que la del conocimiento". Benjamín Franklin

miércoles, 17 de febrero de 2010

¿Qué tienen en común la resiliencia y la creatividad?

El vocablo resiliencia viene del latín resilio que significa volver atrás, rebotar. La resiliencia (también conocida como elasticidad), es un término que proviene de la Física y se refiere a la capacidad de un material de recobrar su forma original después de haber estado sometido a altas presiones. En psicología, se utiliza para describir la capacidad del ser humano de reponerse a situaciones duras que le haya tocado vivir.

Wikipedia, por otra parte, establece que la resiliencia es la capacidad de una persona o de un grupo para desarrollarse bien, para seguir proyectándose en el futuro a pesar de acontecimientos desestabilizadores, de condiciones de vida difíciles y de traumas a veces graves.

Pero no es nuestra intención recopilar las diferentes definiciones de la palabra. Queremos aprovechar esos significados previamente mencionados, para interpretarlos a la luz de las condiciones para la innovación, social, tecnológica, empresarial e incluso personal.

La resiliencia no es una cuestión puntual, nos parece más bien una cualidad o competencia construida a partir de un tejido de relaciones y experiencias que enseñan dominio, cómo vencer obstáculos, perseverancia, apertura hacia nuevas situaciones, aceptación de los cambios, entre otras facultades.

Constituye esa fuerza impulsora interior que poseemos; la capacidad que cada uno de nosotros desarrolla (o debe desarrollar) para tolerar los contratiempos, las adversidades, los problemas, y asumirlos como nuevas oportunidades para fortalecerse, crecer y avanzar. Cuando aprendemos a desarrollar o consolidar esa habilidad, tomamos control verdadero de nuestra vida, de nuestras actividades, de nuestras circunstancias.

¿Y qué tiene que ver todo esto con la innovación, con la creatividad?

Desde nuestra perspectiva, estos conceptos tienen mucha relación. Cuando nos encontramos en situaciones complicadas, y ya nuestros “modos” no dan resultado para enfrentarlas, es importante acudir al espíritu de búsqueda permanente, de curiosidad, de escuchar a otros en forma activa sus ideas diferentes, porque esa actitud nos ayuda a abrirnos a otras visiones. Existe, por supuesto, el temor a confundirnos, el recelo ante ideas desconocidas, sin embargo, no debemos eludir ese temor, sino aprovecharnos de él, porque en ese espacio floreciente de ideas, aunque desconocidas e incluso desconcertantes en alguna medida, surgirán nuestras nuevas respuestas.

La elasticidad o resiliencia comprende ver los errores como aprendizajes, aprender a pedir ayuda cuando se nos acaban las alternativas o las ideas, lo cual habla del alto valor que tenemos de nosotros mismos, de nuestra capacidad de autoliderazgo, ya que teniendo plena conciencia de nuestra identidad, capacidad e individualidad, nos relacionamos en forma permanente con nuestro entorno, interactuamos para posibilitar nuestro crecimiento propio, y por ende, el del conjunto.

Hay una inmensa variedad y cantidad de publicaciones que hablan de las “condiciones para la innovación”. En nuestra opinión, las personas y sus caracteres son determinantes para que aparezca la innovación, por ello encontramos tan estrecha la relación con la definición de resiliencia como competencia específica que propicia la aparición de la innovación, pues las personas que tienen las características que hemos venido describiendo más arriba son más propensas a generar nuevos procesos, nuevas ideas, nuevas alianzas, productos novedosos, en fin, nuevas perspectivas en los personal, social, tecnológico y empresarial.

Por ello, hoy en día, hay una tendencia cada vez mayor en las empresas y organizaciones de propiciar capacitación del talento humano para fortalecer este tipo de competencias, para mejorar la inteligencia emocional, la productividad, la competitividad, la creatividad, la búsqueda del éxito personal, la habilidad de respuesta y la innovación.

Además, si subimos un nivel y pensamos en las organizaciones como unidad, ya no en la persona, ante las realidades cada vez más cambiantes, la incertidumbre, las crisis económicas, políticas y ambientales, es cada vez más relevante contar con estrategias para desarrollar personas resilientes internamente, si desean salir adelante y fortalecidas de dichos entornos inestables, pues los tiempos no dan para teorizar en función de “adaptarnos a los cambios” sino más bien es imperativo propiciar capacidad dentro de la organización para hacer frente a las adversidades, superarlas o incluso ser mejorados por ellas.

Esto requiere que las organizaciones cuenten con personas, además de resilientes, que sean capaces de empatizar, de trabajar en equipo, de pensar en forma integradora y global, abiertas a la experimentación, al trabajo colaborativo.

Así mismo, la organización resiliente debe facilitar un entorno de confianza para que la creatividad se exprese, es decir, donde la crítica no sea el factor común, sino al contrario, el estímulo por lo novedoso sea la regla. Todo esto en conjunto ayuda a minimizar las condiciones que dificultan la innovación, más que de crear un ambiente de condiciones para hacerlo.

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